lunes, 22 de octubre de 2012

Microrrelatos


El dinosaurio
Augusto Monterroso

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.


El corrector
Jaime Muñoz Vargas

Cuando enmendó, la herrata todavía estaba allí.


El descarado
Jaime Muñoz Vargas

Cuando plagió, el copyright todavía estaba allí.


La culta dama
José De La Colina

Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado “El dinosaurio”.
—Ah, es una delicia —me respondió—, ya estoy leyéndolo.


Cien
José María Merino

Al despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. “Te noto mala cara”, le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la cocina.



Otro dinosaurio
Eduardo Berti

Cuando el dinosaurio despertó, los dioses todavía estaban allí, inventando a la carrera el resto del mundo.


El dinosaurio
Pablo Urbanyi

Cuando despertó, suspiró aliviado: el dinosaurio ya no estaba allí.


Los dinosurios
Charly García

Los amigos del barrio pueden desaparecer,
los cantores de radio pueden desaparecer.
Los que están en los diarios pueden desaparecer,
la persona que amas puede desaparecer.
Los que están en el aire
pueden desaparecer en el aire.
Los que están en la calle
pueden desaparecer en la calle.

Los amigos del barrio pueden desaparecer,
pero los dinosaurios van a desaparecer.

No estoy tranquilo, mi amor,
hoy es sábado a la noche un amigo está en cana.
Oh, mi amor, desaparece el mundo.

Si los pesados, mi amor,
llevan todo ese montón
de equipaje en la mano.
Oh, mi amor, yo quiero estar liviano.
Cuando el mundo tira para abajo
es mejor no estar atado a nada,
imaginen a los dinosaurios
en la cama.


Fábula del unicornio
Wilfredo Machado

Cuando Noé vio el cuerno que sobresalía de la espesa crin en la frente, no dudó ni un instante sobre la identidad del animal que pedía humildemente ser aceptado en el Arca ante la inminencia del Diluvio.
Jamás había visto a un unicornio, pero los libros antiguos lo describían como un animal más bien pequeño, semejante a una cabra y de carácter huidizo; con un largo cuerno rematado en una afilada punta, parecido a ciertas especies de caracol no muy abundantes en estos días.
Cuenta la tradición que, finalizado el Diluvio y agotados los pájaros por el ir y venir a través de la tormenta y de la noche, Noé envió al Unicornio a comprobar si había bajado el nivel de las aguas. El unicornio se arrojó a la oscuridad y al tocar el líquido comenzó a hundirse. Ante la cercanía de la muerte rogó a un Dios por su vida. Éste lo transformó en un narval, dejándolo conservar sólo el cuerno como memoria de un pasado que desaparecía en el océano del tiempo.
En las noches claras, cuando el viento rompe el crepúsculo del agua en ondas oscuras, añora galopar bajo el vientre de una doncella desnuda con la luna como una pecera de fondo.
A veces atraviesa a algunos bañistas con su afilado cuerno buscando a Noé desde tiempos remotos.




Ana María Shua
Doncella y Unicornio I
Hay quienes suponen agotado el tema del unicornio y la doncella por extinción de ambas especies. Sin embargo el diario de hoy publica la fotografía de un caballo con un manchón sanguinolento sobre la frente. El animal asegura haber sido, hasta pocas horas antes de la toma, una auténtica doncella.

Doncella y Unicornio II
El cuerno del unicornio impone bromas obvias y groseras. Este animal, que se caracteriza por su infinita delicadeza, prefiere mantenerlo retraído, confundiéndose con un caballo cualquiera. Así, al precio de la servidumbre, ha logrado evitar la extinción y prolongar su estirpe, llegando incluso, a reproducirse en forma inmoderada y excesiva, invadiendo, a causa de su lubricidad, a otras especies, en las que ha dejado, contrariando teorías científicas, su inconfundible huella genética: una constante añoranza de las doncellas y esta maldita cosa en la mitad de la frente que ya no sé cómo cuernos disimular.

Doncella y Unicornio III
Nunca se supo lo que pretendían los unicornios al prosternarse ante las doncellas, y esta duda ha llevado a numerosos y desagradables equívocos. En cambio, está perfectamente establecido lo que buscaban las doncellas: el reconocimiento público de una cualidad que sólo así podrían probar ante testigos sin riesgo de perderla en la misma prueba.

Doncella y Unicornio IV
Dícese que las hijas de los efrits, y entre ellas la incomparable Pari-Banu, renuevan su doncellez después de cada encuentro amoroso, para éxtasis y confusión de los probos unicornios.

Doncella y Unicornio V
Es falso que los unicornios acostumbren formar manadas. Tampoco lo hacen las doncellas. Es falso que se reúnan en los pocos aquelarres en los que doncellas desnudas cabalgarían unicornios. Ni las doncellas tienen interés en cabalgar ni a los unicornios les gusta ser montados. Lo contrario, en cambio, a veces es posible. Sobre todo considerando que, si bien los unicornios no tienen inconvenientes en conservar su condición indefinidamente, ninguna anciana doncella se jactaría de haber conservado tan largamente su honra.


Unicornio
Enrique Anderson Imbert

Se le vino encima. Tenía dos cuernos. La embestida era de toro, el cuerpo no.
-      Te conozco- dijo riéndose la muchacha-. ¿Crees que voy a cometer la tontería de cogerte por los cuernos? uno de tus cuernos es postizo. Eres una metáfora.
Entonces el Unicornio, al verse reconocido, se arrodilló ante la muchacha.



Polimorfismo
Raúl Brasca

Sentado en la rama del árbol vecino, el chico miraba con codicia la manzana más madura. Tendió la mano para arrancarla y en el mismo momento recordó el pecado original que acababan de enseñarle en catecismo. Retiró la mano indeciso y buscó la serpiente enroscada en el tronco. No estaba. Son puras mentiras, se dijo y, como tantas otras veces, arrancó la manzana, la lustró frotándola contra la camisa y la mordió. Mientras masticaba, miró distraídamente la fruta mordida. Se paralizó. Escupió espantado lo que tenía en la boca y arrojó lejos el trozo que le quedaba. Había visto un pequeño gusano que emergía de la pulpa. Con el diablo nunca se sabe, pensó.



Génesis
Marco Denevi

Con la última guerra atómica, la humanidad y la civilización desaparecieron. Toda la tierra fue como un desierto calcinado. En cierta región de Oriente sobrevivió un niño, hijo del piloto de una nave espacial. El niño se alimentaba de hierbas y dormía en una caverna. Durante mucho tiempo, aturdido por el horror del desastre, sólo sabía llorar y clamar por su padre. Después sus recuerdos se oscurecieron, se disgregaron, se volvieron arbitrarios y cambiantes como un sueño, su horror se transformó en un vago miedo. A ratos recordaba la figura de su padre, que le sonreía o lo amonestaba, o ascendía a su nave espacial, envuelta en fuego y en ruido, y se perdía entre las nubes. Entonces, loco de soledad, caía de rodillas y le rogaba que volviese. Entretanto la tierra se cubrió nuevamente de vegetación; las plantas se cargaron de flores; los árboles, de frutos. El niño, convertido en un muchacho, comenzó a explorar el país. Un día, vio un ave. Otro día vio un lobo. Otro día, inesperadamente, se halló frente a una joven de su edad que, lo mismo que él, había sobrevivido a los estragos de la guerra atómica.

-      ¿Cómo te llamas? -le preguntó.
-      Eva, -contestó la joven - ¿Y tú?
-      Adán.



Génesis
Héctor Germán Oesterheld

Y el hombre creo a Dios, a su imagen y semejanza.
Y hubo amor, y placer, y virtud en el mundo.
Y los días fueron largos, demasiado largos.
Entonces el hombre creo al Demonio, a su imagen y semejanza.
Y hubo así amor y odio en el mundo, placer y dolor, virtud y pecado.
Y los días fueron cortos, muy cortos.
Y fue bueno vivir.



Ana María Shua
Cenicienta I
A las doce en punto pierde en la escalinata del palacio su zapatito de cristal. Pasa la noche en inquieta duermevela y retoma por la mañana sus fatigosos quehaceres mientras espera a los enviados reales. (Príncipe fetichista, espera vana.)

Cenicienta II
Desde la buena fortuna de aquella Cenicienta, después de cada fiesta, la servidumbre se agota en las escalinatas barriendo una atroz cantidad de calzado femenino, y ni siquiera dos del mismo par para poder aprovecharlos.

Cenicienta III
Advertidas por sus lecturas, las hermanastras de Cenicienta, logran modificar, mediante costosas intervenciones, el tamaño de sus pies, mucho antes de asistir al famoso baile. Habiendo tres mujeres a las que calza perfectamente el zapatito de cristal, el príncipe opta por desposar a la que le ofrece más dote. La nueva princesa contrata escribas que consignan la historia de acuerdo con su dictado.

Cenicienta IV
El problema se genera en esa identificación que hace la joven esposa entre su marido y la figura dominante en su infancia y adolescencia. Nada fuera de lo común en esta dupla que terminan por conformar esposo y madre, confundiéndose en una sola entidad exigente, amenazante, superyoica (en este caso príncipe-madrastra), en la frágil psiquis de Cenicienta.

Pequeños cuerpos
Triunfo Arciniegas

Los niños entraron a la casa y destrozaron las jaulas. La mujer encontró los cuerpos muertos y enloqueció. Los pájaros no regresaron.

El amor ideal
Poli Délano

Después de largos años de paciente y afanosa búsqueda, J. dio por fin con esa novia, esa mujer única a la que un hombre jamás debe dejar pasar.
Ella tenía los colmillos largos y agudos; él tenía la carne blanda y suave: estaban hechos el uno para el otro.


El retorno de Drácula
Nicolás Suescún

Es cierto. Se fue y dejó de venir durante muchos años. Los niños crecieron. Mire lo grandes que están: ya todos tienen gafas y van a la universidad.
Ellos no lo reconocieron. Pero entre él y yo las cosas pasaron como si no hubiera ido nunca. El mismo día que volvió nos dimos cuenta. No había cambiado nada. A los minutos estábamos donde habíamos empezado, cuando nos casamos hace ya tiempo.
El me dijo que no quería sangre para la comida. Yo le dije que no había nada más.